martes, 20 de marzo de 2012

La fuente y la luz



Santa Fotina dicen diversos martirologios y menologios que se llamó la mujer samaritana con la que se encontró Jesús sediento junto al pozo de Jacob en Samaria. 
Los samaritanos, que habitaban la orilla oeste del río Jordán, eran despreciados por los hebreos. Ellos, en cambio, estaban orgullosos de su origen ya que decían descender de los israelitas que no habían sido deportados a Babilonia y alardeaban de conservar más vivas y puras sus tradiciones, que en los desterrados habían padecido alteraciones degenerativas. Ahora, en la religión hebrea el tradicionalismo es un valor fundamental. Siendo divina la revelación primordial, importa evitar la menor desviación que no puede ser sino perjudicial.
Los samaritanos adoraban en un monte sagrado, a la manera de los antiguos semitas (una montaña como el Sinaí, el Carmelo) y despreciaban como producción humana al templo de Jerusalén.
En la entrada de ayer hablaba de la conexión imaginaria (en la “imaginación material”) entre el agua y la luz. Fotina, la luz (pho:s) junto a la fuente, es una buena muestra de ello,  luz que recibirá la luz de la fe designada por Cristo como “agua viva”.







Juan de Flandes, Cristo y la Samaritana
De esta samaritana nos dice bien poco San Juan (4,4), único evangelista que la menciona; nos calla hasta su nombre; nos informa en cambio de que tuvo cinco maridos y de que en el momento de su conversación con Cristo tenía otro hombre, que no era marido.
Se ha señalado una y otra vez que de todos los evangelios el de San Juan es el que muestra más coincidencias, si no con la doctrina, con el lenguaje y la simbología de algunas corrientes gnósticas. En este episodio todo gira en torno a los símbolos del agua purificadora y de la luz, tan esenciales en el gnosticismo.  
¿Qué fue de Fotina después de aquel episodio?
Las noticias de los martirologios son confusas.
La sitúan predicando la fe de Cristo en Cartago en tiempos de Nerón. De sus hijos José y Víctor (o Fotino) sabemos que eran valientes sodados imperiales y que estaban combatiendo a los ávaros en África.
Esto es muy extraño porque los ávaros eran un pueblo transdanubiano que no se sabe que hubiera pasado a tan meridionales tierras. 
Guerrero ávaro o búlgaro con un prisionero.
Parece ser que después, en premio a su valor, fue ascendido y trasladado a galilea. Aquí, la lecturas erróneas de los manuscritos han embrollado la tradición. Unos quisieron leer que había sido destinado a Galia (lo que cuadraba bien con la obsesión francesa de reunir en su territorio a la mayor cantidad posible de personajes evangélicos famosos). Otros creyeron reconocer como lugar de su destino Italia y se contó la leyenda de que Fotina fue advertida en sueños por un ángel de que debía embarcar rumbo a Roma.
Tamayo de Vargas y otros españoles pensaron que se trataría de Itálica, junto a Sevilla; pero com por tierras béticas no había asomo de ávaros, lo mandaron a combatirlos junto a Braga, en el Portugal de hoy, y eso, según los Bollandistas, porque Ptolomeo sitúa un Avarum promontorium en el Océano Atántico.
Fuese como fuese, lo que se dice es que Fotina nunca había cesado de predicar el cristianismo y sus hijos empezaron a hacer lo mismo en el ejército (eso ya era asunto más grave, porque excedía de la esfera de lo privado y del mundillo doméstico de las mujeres, donde se consideraba natural que pululasen toda clase de cultos misteriosos, semisecretos y un tanto inquietantes como todo lo que concierne a la feminidad). 
Llegó el tiempo de las persecuciones, los hijos de Fotina no cejaron en su actividad e incluso convirtieron a a alguno de sus superiores y a sus familias, principalmente, claro es, a las mujeres, como se ve por el número bastante más crecido de las luego condenadas.
Fotina, Víctor y José (sus hijos), Fotis, Parasceve y Ciriaca (sus hermanas), Sebastián, Anatolio y Foción (compañeros de armas de los hijos de Fotina) fueron los juzgados en esa ocasión. Según otras versiones, Anatolio y Foción eran hijos de Fotina; o bien Anatolio era Anatolia, y era hija.
Tres de ellos llevan nombres con la misma raíz de la luz. 
De creer a los martirologios que se ocupan de estos santos, la saña de las autoridades fue en este caso superior a lo normal. Fueron azotados, colgados por la cabeza, desojados, crucificados o empalados, despellejados, encerrados en mazmorras repletas de serpientes venenosas, mutilados los genitales de los varones y arrojados para pasto de los perros. A Focia o Fótide la ataron a dos árboles doblados y atados con cuerdas para que al cortar éstas y recobrar de golpe los flexibles troncos su postura enhiesta se partiese el cuerpo de la mártir desgarrándose por la mitad.
Fotina, en cambio, murió en la cárcel.
Otra leyenda narrada por el crédulo e imaginativo Tamayo de Vargas cuenta que Fotina recibió la invitación de Domnina, la hija de Nerón, o de Trajano, o de Diocleciano, para cenar con ella en la famosa Domus Aurea. 
Pretendía tentarlas con el despliegue de su opulencia y la vida muelle y deliciosa que les ofrecía a cambio de renunciar a su fe.
Alma-Tadema, Las rosas de Heliogábalo.
Allí, en el palacio imperial, le dieron un espléndido y suntuoso banquete y la ocasión de predicar a la propia princesa y a quinientas de sus damas y meninas; predicación tan eficaz que todas se convirtieron con la ayuda del Espíritu Santo y padecieron martirio. La princesa recibió en el bautismo el nombre de Antusa. 
Los Bollandistas encuentran esto un tanto extraordinario: que una viejecilla (si en tiempos de Jesús ya había tenido tiempo de tener cinco maridos y una pareja de hecho, ¿qué edad tendría en los de Nerón?), perteneciente a una nación conquistada y creyente de una fe perseguida fuese convidada a una cena privada y lujosa en el palacio imperial es de extrañar, aun con los perversos propósitos que le presta al emperador la leyenda.
Todavía despierta más dudas el que la princesa Domnina no aparece documentada como personaje histórico por ninguna parte.
Santa Fotina y sus compañeros, en todo caso, aparecen en el Martirologio Romano el 20 de Marzo.

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