sábado, 24 de marzo de 2012

El cambiazo de la novia

No hace muchos días (ver En el país de los tuertos el cojo es el rey) vino a cuento la reina Berta, posible eslabón entre las dinastías merovingia y carolingia y madre de Carlomagno. Hoy la conmemora la Iglesia como beata.
Son oscuros los orígenes de Berta, pero parece cada vez más seguro que fue hija de Cariberto (que es lo mismo que Herbert) y Gisela, condes de Laon. El nombre de Gisela es hipotético, pero se repite una y otra vez en la familia. Berta estaría estrechamente emparentada con la familia de los Merovingios y con la de los Hugobértidas, de las principales entre los francos.
Berta de Laon, copia del siglo XIX de un original del XIII.
Según la leyenda (mucho más interesante a nuestro propósito), los padres de Berta fueron Flores y Blancaflor, paradigma de enamorados, que protagonizan una de las novelas más populares durante toda la Edad Media y después. Su historia es conocida en España al menos desde el siglo XII. La narra en el XIV La gran conquista de Ultramar. Hay un romance viejo sobre esta fábula y se alude a ella repetidamente (en el Libro de Buen Amor, por ejemplo). Algunos lances de esta novela se encuentran en Las mil y una noches, como el de la venta de la amada como esclava, el del enamorado introducido en un harén mediante una cesta atada a una cuerda o, dentro ya del serrallo, la confusión de cuartos entre el de la amada y el de otra mujer, criada o hermana de la primera.
En la novela de Flores y Blancaflor aparece el motivo del talismán que avisa al que lo tiene si a su dueño le ocurre alguna desgracia, como en la leyenda bretona de Comorre y Santa Trifina. 
En cuanto a la historia de Berta, Flores y Blancaflor en unas versiones son reyes de Hungría; en otras de Almería.
Según la canción de Adenet -Adancito- Le Roi (poeta de Brabante), escrita en francés en el siglo XIII, Pipino el breve fue a pedir la mano de Berta a Hungría. facilitaba el enlace que en aquel país -afirma- todas las familias importantes traían de Francia profesores para que sus retoños hablasen desde chicos el francés a la perfección.
Después de la boda, la camarera de Berta, Margista, la persuade de que Pipino provoca la muerte de las mujeres con las que se acuesta y le propone que se deje suplantar por Alista, la hija de la criada, lo que Berta acepta con agradecimiento y alivio.
El trueque se lleva a cabo con éxito para los malhechores; la reina es abandonada en el bosque, donde la acoge una familia que vive allí (unos "floresteros", como diría nuestro Libro de Don Tristán de Leonís). Berta descuella entre las mujeres de la casa por su habilidad en las labores de aguja. Este detalle no es irrelevante; hay que recordar que Berta o Perchta era una deidad hilandera y protectora de las labores de las muchachas, como que representa a la la hilandera de los destinos humanos. "Cuando hilaba la reina Berta" dicen en Francia a lo que aquí "en tiempos del rey que rabió". 
Hilandera: Santa Genoveva, por Vigée-Lebrun.
Contrasta esto de la hilandera -que es la Muerte- con la  dulzura, amabilidad y benevolencia machaconamente atribuidas a Berta en el cantar... Pero precisamente esta insistencia da que pensar. Es  bastante frecuente que se atribuyan (con la boca chica) cualidades semejantes a deidades a las que se teme. 
La falsa reina, en cambio, rápidamente despierta el odio de sus súbditos por su tiránico gobierno; pero Pipino (a quien da dos hijos) no tiene ojos más que para ella, hasta que Blancaflor, de visita en Francia descubre la superchería al ver los pies de la impostora, completamente normales (según La gran conquista de Ultramar, tenía algunos dedos pegados, lo que la relaciona con la reina Pédauque, o Pie de Oca). Los culpables son castigados.
Durante una cacería, Pipino se encuentra casualmente en una solitaria capilla en medio del bosque con Berta, a la que no reconoce, pero que le recuerda vivamente a Alista (mucho habían de parecerse. Arde instantáneamente en deseos de gozarla, ("lors la prent en son cuer forment a goulouser" -golosear-), pero ella, sin saber tampoco con quién se encuentra, le confiesa su identidad, lo que la salva del ultraje.
Es restituida al trono; los que la ayudaron son recompensados y de los reyes nacen Gila (la madre de Roldán), Constanza y Carlomagno. 
Menéndez Pelayo en los Orígenes de la novela estudia los avatares de la leyenda de Berta en España e Italia, donde los cuenta extensamente la compilación de historias carloingias I reali di Francia.
El propio Menéndez Pelayo ya señalaba el carácter folklórico del núcleo fundamental del cuento: la suplantación de la novia por otra mujer (no hablo aquí de suplantación por estatuas, imágenes sobrenaturalmente creadas -como en el caso de Ixión- o alucinaciones inducidas mágicamente). 
Sin salir de la narrativa medieval, viene a la cabeza inmediatamente la estratagema de Isolda, pidiéndole a Brangaene el favor de sustituirla en brazos del rey Marke; y aunque le dieron cobre por oro, dice Gottfried von Strassburg que nunca se ha acuñado moneda falsa más valiosa. 
Cuando descubrió el engaño de Isolda y Tristán, al rey no le supo bien.
Ilustración de Wyeth para The boys' King Arthur.
Boccaccio trae la historia de Gilletta (Decamerón, III, 9) con la misma añagaza y de la novela italiana probablemente la tomaría Shakespeare que la emplea en varias comedias, como As you like it y Measure for measure.
William Butler Yeats y Dorothy Wellesley escribieron sendas baladas a imitación de estos textos medievales. Yeats atribuye el asunto de su poema a la Historia mei temporis de un imaginario abate Michel de Bourdeille, nombre que alude al de Pierre de Bourdeille, más conocido como Señor de Brantôme y autor de Les dames galantes, libro misceláneo donde se recogen anécdotas de asunto parecido.
En el poema de Yeats (The three bushes), la dama que solicita de su criada el servicio de la suplantación ama tanto a su castidad como al caballero, pero sabe que el amor de él se acabaría extinguiendo sin el pábulo de lo carnal.
Posibilita el engaño el que, desnudos y a buenas noches, todos somos unos:
"And maybe we are all the same
when no candles are,
and maybe we are all the same
that strip the body bare"...
En fin: la criada da el pego; incluso demasiado, y la dama no puede evitar que se le escape un suspiro cuando ve que a la doncella se le cierran los ojos de no haberlos pegado en toda la noche. 
Al morir el amado, la pena fulmina a la dama; la criada les sobrevive largos años honrando su memoria. Sobre sus tumbas contiguas planta unos rosales que, como es habitual en estos caos, mezclan inextricablemente sus ramas y raíces. Cuando a ella le llega su hora, confiesa todo y el sacerdote se encarga de enterrarla junto a los otros dos y plantar un tercer rosal que se entrelaza con los anteriores.
Historias como éstas con cambiazo de amante aparecen también en Las mil y una noches y aun más atrás. En los Vedas, en el mito de la concepción de los gemelos Açvins, ya se encuentra la sustitución (los textos relativos a esta cuestión están recogidos en el volumen Hindu myths de los clásicos Penguin, editado por Wendy Doniger O'Flaherty).
Es decir, que es una de las historietas más antiguas de la humanidad.



viernes, 23 de marzo de 2012

Tres hermanas discretas

El Santoral de Óengus señala el día 23 de marzo:
Ingen co sluag dermar
Feradaig as ardam,


La hija, con una enorme tropa,
de Feradach, la más alta...


No está claro quién fuese esta santa. Ni es la única santa de la familia, porque los Bollandistas en las Acta sanctorum hablan de las hijas, en plural, de Feradach, a las que mencionan en este mismo día para rechazarlas por no tener ninguna noticia de ellas, junto con buen número de santos y santas irlandeses.
Feradach era un nombre bastante repetido entre los monarcas de aquellas tierras, de manera que es difícil identificar al padre estas santas, que fueron tres vírgenes. 
Pero hay un Feradach famoso por la santidad de su familia: el que estuvo casado con Santa Kentigerna. 
Fanshawe, Paisaje de Loch Lomond. Alí se retiró Santa Kentigerna.


Ésta, hija del rey de Laiginn Cellach Cualann y de la princesa Caintigern de Brega (el mismo nombre que ella), perteneciente a una de las familias más ilustres de la Irlanda de entonces, cuando quedó viuda partió con los suyos a Escocia, donde buscó un lugar para hacer vida retirada y dedicarse a su devoción.
Se ha pensado que aquel Feradach, su marido, podría ser, por las fechas, el mismo Feradach hOa Artúir que aparece como firmante del Cáin Adamnáin en el año 697. Modernamente se ha especulado con que el Arturo abuelo de Feradach (hOa Feradach quiere decir "nieto de Arturo") fuese el que dio pie a la leyenda artúrica, el Arturo real, histórico.
El Cáin Adamnáin, el documento que firma (junto a su suegro Cellach Cualann) es una ley promulgada a instancias del abad de Iona, Adamnán, para la protección de la población en tiempos de guerra.
Entre los hijos de Feradach y Centigerna es el más célebre San Faolán, que había nacido tan deforme que su padre decidió arrojarlo a un lago (también se habla de otros San Faolán tartamudos o leprosos: puede que no fueran más que un solo personaje). En el lago lo cuidaron los ángeles durante un año hasta que fue hallado por el obispo San Ibar y entregado a cierto abad Mundus, en el que unos ven a otro hermano suyo y otros a San Fintan Munnu.
Strath Fillan, uno de los posibles lugares donde están las reliquias de San Faolán.http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/5f/Flickr_-_don_macauley_-_Cemetery_by_St._Fillan%27s_Priory.jpg
Hermano de santa Kentigerna, y tío, por tanto de las santas y de Faolán fue San Comgan, que los acompañó a Escocia y con el que se fue a vivir Faolán.
En tierras escocesas, San Faolán (o Fillan como escriben allí) fue objeto de gran devoción. Su campana, báculo e incluso sus reliquias solían llevarse a la guerra. 
La batalla de Bannockburn. Manuscrito del siglo XIV.
En particular, la batalla de Bannockburn en 1321, entre las tropas de Robert Bruce y las de Eduardo II, es fama que los escoceses la ganaron merced a la intervención de San Faolán, cuyo brazo apareció milagrosamente ante sus filas cuando recibían la bendición antes de entrar en combate.





jueves, 22 de marzo de 2012

Santa madre de santos

Distintos santorales traen el 22 de marzo la festividad de Santa Darerca o Darerea, también llamada Monina y Liemania, la hermana más joven de San Patricio (más común es considerar que Darerca y Liemania eran dos hermanas diferentes: ver la entrada Lucía y Mel).
En cuanto al nombre de Darerca no se ponen de acuerdo los hagiógrafos, aunque la mayoría concuerdan en que es compuesto y su segunda parte es el irlandés serc, "amor". Significaría "gran amor" o "amor a las lágrimas", del antiguo irlandés dér.
Darerca no era un nombre infrecuente. Varias santas lo han llevado.
Alguna de ellas se llama también Monina. Este segundo apelativo de Monina ha sido causa de una gran confusión, porque según se deduce de una glosa del Santoral de Óengus no se trataba en realidad de un nombre de pila sino de un tratamiento cariñoso que se daba a las monjas y con el que aparecen designados en la Edad Media personajes diferentes.
Que la hermana de Patricio tuviese un nombre irlandés querría decir que se lo pusieron ya de mayor puesto que la familia de Patricio no era de Irlanda. Suele admitirse que provenían de la costa occidental de Gran Bretaña, justo al Sur de Escocia.
Louis Nedelec, en su Cambria sacra, dice que algunos historiadores bretones contradicen esto, afirmando que de donde eran era de Pont-Aven, cerca de Quimper.
Los padres de Patricio, Darerca y demás hermanos eran Calpurnio y Concessa, de la que la tradición asegura que era hermana de San Martín de Tours. Si esto era así, Concessa no era galorromana ni britana sino panonia, es decir de la actual Hungría.
Cuando, allá a principios del siglo V (dice la Historia Regum Brittonum de Godofredo de Monmouth), Conan Meriadec fundó el reino de Bretaña, carecía de mujeres y las pidió al rey Dianoto de Cornualles, que amablemente le envió un convoy de ellas.
Santa Úrsula y sus vírgenes. Pintura renana, siglo XV. Añadir leyenda

Sobre Conan Meriadec son diversas las opiniones: desde los que piensan, como Bernard Merdrignac, que es una creación enteramente fabulosa, pasando por los que, como Léon Fleuriot, creen que es un personaje semilegendario formado en gran medida a partir de la figura histórica de Ambrosio Aureliano (que vivió a finales del siglo V), hasta los convencidos de su existencia como Christian Y. M. Kerboul. Según éste, se trató de un caudillo britano que, al servicio de Magno Máximo (pretendiente al trono imperial), estuvo al mando de la flota que aseguraba la seguridad del tráfico marítimo por el Canal de la Mancha, a finales del siglo IV. 
Las mujeres solicitadas y concedidas no llegaron, interceptadas por los hunos que les dieron la corona de mártires, ya que no les querían aceptar los anillos de casadas. Nedelec, antes citado, siguiendo a otros historiadores, las identifica con las Once Mil Vírgenes de Santa Úrsula.
En todo caso, según la hagiografía tradicional de Bretaña, Conan Meriadec pidió y obtuvo entonces la mano de Darerca, que estaba viuda. 
Sería éste el mismo Chonas o Conis el Britano que mencionan las biografías irlandesas de San Patricio como su segundo marido. 
El matrimonio se estableció en Aleth, junto a Saint Malo, y su primer hijo se dice que fue Gradlon, el futuro rey Gradlon el Grande de Bretaña (ver la entrada La revancha de Dahut), al que otras tradiciones casan con Tigridia, una de las hermanas de su madre. 
Garaby dice en su libro sobre los santos de Bretaña que fueron veinticuatro los hijos de Darerca y Conan, casi todos santos a su vez. Cuatro o cinco de los hijos de Darerca fueron obispos.
Después de enviudar de Conan Meriadec, viajó junto con su hermano Patricio a Irlanda, donde lo ayudó en sus misiones.
Su primer matrimonio fue con el longobardo Restituto, y de ése fue fruto por lo menos Sechnall o Secundino, presunto autor de un himno a San Patricio. 
Un rey longobardo, Adelgiso.


Ésta es otra de las rarezas de la biografía de Darerca: los longobardos no hicieron irrupción en Italia hasta el año 568, un siglo después de los tiempos de la hermana de Patricio. 






miércoles, 21 de marzo de 2012

El desengaño de un príncipe


Don bith ba mór mbúadae
Benedict balc áge,
For óenlíth, ler slúagdae,
Endae airdirc Árne.

En el mundo fue grande en victorias
Benito, fuerte columna;
En la misma festividad, mar de huestes,
El claro Enda de Aran.

En esta estrofa del Santoral de Óengus dedicada al 21 de Marzo se nota la voluntad de comparar a San Benito, "abad supremo de los monjes de Europa" -de la tierra firme- como indica la nota, con San Enda, un Benito marino, oceánico, que es a su vez un mar. Un mar enviando sus oleadas de hombres y de saber hacia la tierra firme.
Ler, el nombre antiguo y poético del mar que aquí utiliza Óengus, es también el del dios irlandés del mar. En airdirc, "claro, visible" se reconoce uno de los nombres celtas del ojo, derco.
La Vida latina de San Enda está recogida en las Acta sanctorum y en las Vitae sanctorum Hiberniae  de Plummer.
San Enda era príncipe, hijo de Conall Derg (Conall el Rojo), rey de Airgialla, reino fundado en tiempos legendarios al sur del Ulster por tres hermanos llamados Colla. Conall Derg descendía de uno de ellos, Colla Da Críoch.
La madre de San Enda, llamada Aebhfhinn ("Blanca Presencia") o Brig (según otros), era hija del rey de los Ard Ciannachta, que vivían en la costa Este, en el límite de Ulster (Ulad) y Leinster (Laiginn).
San Enda no tuvo hermanos, sí hermanas: Fanchea, Lochina, Carecha y Darenia.
De todas ellas, Fanchea (Santa Fanchea, con festividad el 1 de Enero), monja, que era una mujer de una belleza arrebatadora, fue la que tuvo una influencia decisiva sobre él.
Al morir Conall Derg, el joven Enda, nada más subir al trono tuvo que enfrentarse a una incursión enemiga, que repelió con éxito. 
Durero. Soldados irlandeses. A pesar de ser tipos de la época de Durero, se cree que su atuendo no cambió mucho desde la alta Edad Media.


Y al pasar al frente de sus tropas entonando sus himnos triunfales cerca del convento de Fanchea, dijo ésta a las hermanas:
-Esa voz es la de un hijo del Cielo; y sin embargo sus horrendas vociferaciones ofenden a Cristo.
Y saliendo al paso a su hermano:
-No te acerques: ¿no ves que estás contaminado por la sangre de los que has matado?
-¡Qué dices! Yo he heredado el reino de nuestro padre y tengo que defender esa herencia; por eso matar a los enemigos no es pecado, sino obligación. Y otros pecados no tengo.
-Nuestro padre ¿sabes dónde está? En el Infierno, y ésa es la herencia que te va a quedar como sigas así.
-¡También tú tienes cada cosa...!
-Luego no vengas diciendo.
Un rey en el Infierno. Fra Angelico, El juicio final (detalle).

Los consejos de Fanchea no dieron resultado de inmediato y Enda se dirigió a ella un día pidiéndole que diese licencia a una de sus monjas, doncella de sangre real y casi tan guapa como la propia Fanchea, para salir del convento y casarse con él.
Fanchea consultó con la hermana:
-Mejor partido no lo hay -le dijo-: ahora, tú piénsate si quieres un esposo carnal o a Cristo.
-A Cristo.
-Me parece que has elegido bien. Ahora a la cama, que es hora.
Enda se presentó por la mañana temprano, impaciente:
-¿Qué ha dicho?
-Ven, vamos a verla.
La monja estaba acostada; Fanchea la destapó: era cadáver.
-¡Qué pálida está y qué estropeada! ("diformis est nunc et pallida nimis").
-Ésta es la cara que tanto te gustaba.
-Ya. Pues...
-¡Amigo!, así te verás también tú...
-Calla, calla.
Pero no se calló, sino que seguió predicándole y predicándole hasta que lo hizo llorar y adoptar la firme decisión de hacerse fraile.
Los que venían con él, creyendo que le había dado una locura repentina y pasajera, querían llevárselo a la fuerza, pero a una señal de la hermana se les quedaron los pies pegados al suelo y tuvieron que resignarse.
Enda se entregó con ardor a la vida monástica, trabajando de hortelano y de administrador.
Pero un día habían entrado unos enemigos en una de sus correrías por el reino y se retiraban con su botín perseguidos por los soldados de la tierra. Enda que lo vio, agarró el primer palo que encontró y salió tras los invasores.
-¡Eh, Enda, Enda! -gritó su hermana- ¡Mira lo que tienes en la cabeza!
Enda se llevó la mano a la cabeza.
-¡Ahí va! ¡La tonsura! Se me había olvidado completamente.
-Será mejor que cambies de aires. Aquí no va a haber manera de que te olvides de quién fuiste. Y no vuelvas hasta que no llegue hasta aquí la fama de que eres un santo.
Y así, Enda marchó a Gran Bretaña y a Roma.
Una vez, unos peregrinos que venían de allí le contaron a Fanchea de la santidad de su hermano, sin saber con quién estaban hablando.
Ella decidió hacerle una visita y pidió a tres hermanas que la acompañasen.
-Pero no llevéis nada superfluo, que Dios proveerá.
Llegadas a la playa, Fanchea extendió sobre las olas el manto, que se atiesó como una tabla en que se montaron y empezaron a navegar. Pero al poco tiempo, un pico del manto se empapó y ablandó y la monja que estaba encima se cayó al agua.
-¿Qué llevas en esa mochila? ¿Qué es esto? ¡Una palangana!
-¡Para lavarse: a ver!
-Pues bien que te has lavado. Anda, tira eso.
Durero, Baño de mujeres. Detalle.

Fanchea echó al mar la palangana y el manto se puso duro otra vez para que pudiese subir la monja a bordo.
Aquella palangana tuvo su historia. Porque volando, volando, llegó hasta Santa Monina (o Darerca) que estaba en Irlanda, la cual se la encontró y la conoció, comprendiendo lo que había sucedido. Y se puso a rogar a Dios que les permitiese a las monjas viajeras quedarse con aquella vasija y además otra que les regalaba ella, en que solía beber. Ató las dos y las lanzó al agua, de modo que en poco tiempo alcanzaron a las navegantes.
-Esto ha sido cosa de Monina. Nos quedaremos la palangana dichosa, pero la jarra de ella, de ninguna manera. 
Dejó Fanchea la jarrita en el mar; apareció volando un ángel y la recogió para devolvérsela a la remitente:
-Dile a Monina que muchas gracias de verdad, pero que no necesitamos jarritas.
-Descuida -dijo el ángel-; se lo digo de tu parte.
-Que no es por hacerle un desprecio, ¿eh?
Llegaron a Roma. Enda se había hecho un monje tan severo que no quería ver ni a su propia hermana, por ser mujer, y con una tupida tela por medio Fanchea le dijo que volviese a Irlanda, que ella regresaba por su lado, en el manto flotante. Murió por el camino, con gran dolor de las hermanas. Al llegar las monjas a la playa, vieron que las esperaban dos ejércitos armados hasta los dientes, y era que los de Laiginn y los de la provincia de Mide estaban dispuestos a llegar a las manos para llevarse el santo cuerpo a su tierra.
-Hagamos lo de siempre: pongamos el cuerpo en un carro, y que Dios guíe a los bueyes adonde sea servido.
Aquí sucedió un estupendo milagro: los de Laiginn vieron el carro arrancar hacia su tierra y salieron en procesión detrás; pero era una alucinación. Mientras tanto, el verdadero carro, seguido de los de Mide emprendía camino hasta que los bueyes, fatigados, se pararon junto a un monasterio y se pusieron a orinar copiosamente. Allí surgieron dos fuentes milagrosas y curativas, donde empezaron a acudir peregrinos.
Es un motivo folclórico muy frecuente por Europa este de los arroyos o ríos originados en la orina de algún personaje de leyenda.
Un año después, Enda llegó a Irlanda.
Entonces reinaba en Cashel Oengus mac Noid Froích (ver las dos entradas sobre San Ciaran), cuñado de Enda, casado con su hermana Darenia.
En realidad, Oengus a la que había querido por mujer era a la hermana más guapa, Fanchea, pero como no hubo manera, se contentó con la otra, que tampoco era nada fea.
Enda le pidió a su cuñado la isla de Aran Mór para fundar su monasterio. 
Islas Aran. Ganado pastando.


Oengus prefería darle otras tierras más céntricas y ricas. Nunca había estado en aquella costa remota y no quería donar unas tierras que ni siquiera había visto. Enda lo llevó al campo e hizo que por milagro la superficie donde estaban ambos se elevase como una altísima torre desde donde se alcanzaba a ver la isla. A Oengus le gustó, dijo que era digna del santo y se la dio. Enda, haciendo de una roca una barca, cruzó el mar hasta la isla con sus monjes.
No estaba desierta, pero a la llegada de san Enda los habitantes, paganos de la nación Corcu Mruad, huyeron aterrorizados. Enda echó al mar unos caballos del rey local, que tenía allí pastando, y que pudieron salvarse milagrosamente llegando a nado a otra isla. 
Parece que San Enda adopta aquí rasgos del dios del mar, Ler, al que mencionaba al principio. Ler, como Poseidón, es un rey que manda en los caballos; sus caballos son capaces de galopar y tirar de carros sobre las olas del mar. Ler también tiene su centro sagrado en una isla. Y no sería la única isla dedicada a Ler que posteriormente se cristianizase con una abadía: existe el precedente, en Galia, de Lérins.
Unos sacos de trigo, que el rey le mandó por burla a ver si le llegaban nadando también, alcanzaron su destino arrastrados por ángeles sobre las olas; y viendo tanto prodigio el rey de la isla se convirtió.
Con San Enda habían venido de Roma dos monjes amigos suyos, San Helveo y San Pubeo, a quien se dice que le habían ofrecido ser papa y no quiso; y entonces cogió el puesto San Hilario. Pues entre estos tres no se sabía a cuál le correspondía ser abad del nuevo monasterio de la isla, y estaban discutiéndolo cuando vinieron por el cielo tres aves de blancura cegadora portadoras de unos dones para Enda: unos Evangelios y una casulla. El Cielo lo designaba así como abad.
Otros dicen que los regalos los trajo un ángel: y es que Enda tenía amistad y familiaridad con ellos. 
Ángel con libro. Evangeliario de Banberg, siglo XI.


Uno, una vez, partió en dos con su espada flamígera un gran farallón para abrir paso a los barcos que querían atracar en la isla.
Otra de las mejoras que hizo en la comarca fue la expulsión de una bestia monstruosa que devoraba los ganados.
Enda era un abad severo. Probaba a sus monjes de la siguiente manera: cogía una de esas barcas irlandesas hechas de mimbre forrado de cuero y le quitaba la piel. La botaba al mar y hacía montar a los frailes por turno. Si entraba una gota de agua en la barca, era que había pecado el que estaba dentro. Esto le sucedió al cocinero del convento.
-¡Confiesa tu pecado!
-¡Confieso! Yo mojé una sopa de pan en el caldo del de al lado estando en el refectorio.
-¡Quedas expulsado del monasterio! Vete a tierra firme y ya te avisaremos cuando tu pecado esté expiado.
Otra vez les dio hospitalidad un buen labriego y no teniendo qué darles de comer, hizo el sacrificio enorme de matar para ellos uno de los dos bueyes con que labraba. Uno de los frailes se negaba a probarlo, porque era día de abstinencia.
-¡Ingrato! ¡Remilgoso! -le regañó el abad- Mira lo que te digo: tú comerás caballo y morirás atragantado con él, y ese caballo lo habrás robado tú.
Y así se cumplió en efecto.
El monasterio fundado por san Enda fue un semillero de santos que difundieron su saber y virtudes por toda Irlanda. Allí estudiaron San Ciaran de Cluain mac Naoise (Clonmacnoise), San Finnian (maestro de san Colum Cille), el propio San Colum Cille, San Breandán o Brendan, el santo viajero, San Iarlath, San Cartago de Lios Mór y otros varios. 






martes, 20 de marzo de 2012

La fuente y la luz



Santa Fotina dicen diversos martirologios y menologios que se llamó la mujer samaritana con la que se encontró Jesús sediento junto al pozo de Jacob en Samaria. 
Los samaritanos, que habitaban la orilla oeste del río Jordán, eran despreciados por los hebreos. Ellos, en cambio, estaban orgullosos de su origen ya que decían descender de los israelitas que no habían sido deportados a Babilonia y alardeaban de conservar más vivas y puras sus tradiciones, que en los desterrados habían padecido alteraciones degenerativas. Ahora, en la religión hebrea el tradicionalismo es un valor fundamental. Siendo divina la revelación primordial, importa evitar la menor desviación que no puede ser sino perjudicial.
Los samaritanos adoraban en un monte sagrado, a la manera de los antiguos semitas (una montaña como el Sinaí, el Carmelo) y despreciaban como producción humana al templo de Jerusalén.
En la entrada de ayer hablaba de la conexión imaginaria (en la “imaginación material”) entre el agua y la luz. Fotina, la luz (pho:s) junto a la fuente, es una buena muestra de ello,  luz que recibirá la luz de la fe designada por Cristo como “agua viva”.







Juan de Flandes, Cristo y la Samaritana. 
De esta samaritana nos dice bien poco San Juan (4,4), único evangelista que la menciona; nos calla hasta su nombre; nos informa en cambio de que tuvo cinco maridos y de que en el momento de su conversación con Cristo tenía otro hombre, que no era marido.
Se ha señalado una y otra vez que de todos los evangelios el de San Juan es el que muestra más coincidencias, si no con la doctrina, con el lenguaje y la simbología de algunas corrientes gnósticas. En este episodio todo gira en torno a los símbolos del agua purificadora y de la luz, tan esenciales en el gnosticismo.  
¿Qué fue de Fotina después de aquel episodio?
Las noticias de los martirologios son confusas.
La sitúan predicando la fe de Cristo en Cartago en tiempos de Nerón. De sus hijos José y Víctor (o Fotino) sabemos que eran valientes sodados imperiales y que estaban combatiendo a los ávaros en África.
Esto es muy extraño porque los ávaros eran un pueblo transdanubiano que no se sabe que hubiera pasado a tan meridionales tierras. 
Guerrero ávaro o búlgaro con un prisionero.
Parece ser que después, en premio a su valor, fue ascendido y trasladado a galilea. Aquí, la lecturas erróneas de los manuscritos han embrollado la tradición. Unos quisieron leer que había sido destinado a Galia (lo que cuadraba bien con la obsesión francesa de reunir en su territorio a la mayor cantidad posible de personajes evangélicos famosos). Otros creyeron reconocer como lugar de su destino Italia y se contó la leyenda de que Fotina fue advertida en sueños por un ángel de que debía embarcar rumbo a Roma.
Tamayo de Vargas y otros españoles pensaron que se trataría de Itálica, junto a Sevilla; pero com por tierras béticas no había asomo de ávaros, lo mandaron a combatirlos junto a Braga, en el Portugal de hoy, y eso, según los Bollandistas, porque Ptolomeo sitúa un Avarum promontorium en el Océano Atántico.
Fuese como fuese, lo que se dice es que Fotina nunca había cesado de predicar el cristianismo y sus hijos empezaron a hacer lo mismo en el ejército (eso ya era asunto más grave, porque excedía de la esfera de lo privado y del mundillo doméstico de las mujeres, donde se consideraba natural que pululasen toda clase de cultos misteriosos, semisecretos y un tanto inquietantes como todo lo que concierne a la feminidad). 
Llegó el tiempo de las persecuciones, los hijos de Fotina no cejaron en su actividad e incluso convirtieron a a alguno de sus superiores y a sus familias, principalmente, claro es, a las mujeres, como se ve por el número bastante más crecido de las luego condenadas.
Fotina, Víctor y José (sus hijos), Fotis, Parasceve y Ciriaca (sus hermanas), Sebastián, Anatolio y Foción (compañeros de armas de los hijos de Fotina) fueron los juzgados en esa ocasión. Según otras versiones, Anatolio y Foción eran hijos de Fotina; o bien Anatolio era Anatolia, y era hija.
Tres de ellos llevan nombres con la misma raíz de la luz. 
De creer a los martirologios que se ocupan de estos santos, la saña de las autoridades fue en este caso superior a lo normal. Fueron azotados, colgados por la cabeza, desojados, crucificados o empalados, despellejados, encerrados en mazmorras repletas de serpientes venenosas, mutilados los genitales de los varones y arrojados para pasto de los perros. A Focia o Fótide la ataron a dos árboles doblados y atados con cuerdas para que al cortar éstas y recobrar de golpe los flexibles troncos su postura enhiesta se partiese el cuerpo de la mártir desgarrándose por la mitad.
Fotina, en cambio, murió en la cárcel.
Otra leyenda narrada por el crédulo e imaginativo Tamayo de Vargas cuenta que Fotina recibió la invitación de Domnina, la hija de Nerón, o de Trajano, o de Diocleciano, para cenar con ella en la famosa Domus Aurea. 
Pretendía tentarlas con el despliegue de su opulencia y la vida muelle y deliciosa que les ofrecía a cambio de renunciar a su fe.
Alma-Tadema, Las rosas de Heliogábalo.
Allí, en el palacio imperial, le dieron un espléndido y suntuoso banquete y la ocasión de predicar a la propia princesa y a quinientas de sus damas y meninas; predicación tan eficaz que todas se convirtieron con la ayuda del Espíritu Santo y padecieron martirio. La princesa recibió en el bautismo el nombre de Antusa. 
Los Bollandistas encuentran esto un tanto extraordinario: que una viejecilla (si en tiempos de Jesús ya había tenido tiempo de tener cinco maridos y una pareja de hecho, ¿qué edad tendría en los de Nerón?), perteneciente a una nación conquistada y creyente de una fe perseguida fuese convidada a una cena privada y lujosa en el palacio imperial es de extrañar, aun con los perversos propósitos que le presta al emperador la leyenda.
Todavía despierta más dudas el que la princesa Domnina no aparece documentada como personaje histórico por ninguna parte.
Santa Fotina y sus compañeros, en todo caso, aparecen en el Martirologio Romano el 20 de Marzo.

lunes, 19 de marzo de 2012

San Lactino el lácteo.

MoLachtóc la Grigoir
In grádgreit as díxu,
Ioseph, ainm as úaisliu,
Aite álaind Íssu.

Molachtóg con Gregorio,
El más alto campeón del amor;
José, el más noble nombre,
Bello padre adoptivo de Jesús.

Una nota correspondiente al 19 de Marzo en el Santoral de Óengus identifica a este Molachtóg ("Mi Pequeño Lacht") con San Lactino, abad fundador de Achad Úr en el reino de Osraige, en el centro de Irlanda, entre las provincias de Connacht y Laiginn.
San Lactino fue sucesor de San Mo Lua en Cluain Fearta (Clonfert). San Dagano, que había ido de visita, se lo profetizó así a Mo Lua, y lo llenó de alegría, porque era un buen sucesor y amigo. 
Al monje Mo Lua, muchos años atrás, se le había aparecido un ángel y le había revelado:
-Va a nacer un hombre que será compañero y amigo tuyo. Se llamará Lactino.
-¿Y cuándo va a nacer?
-Dentro de quince años.
-¿Y me lo dices ahora? -exclamó el santo- ¡Menudas prisas!
A San Mo Lua, santo de vida penitente y austera, no se le había visto reír nunca ni se le vio hasta que le llevaron la noticia del nacimiento de Lactino, y ésa fue la primera vez.
San Lactino era del Sur de Irlanda; nació cerca de Cork. Según su Vida, recogida en las Acta Sanctorum, su padre se llamaba Torphuro y su madre Senecha. Eran de los Múscraige, una nación cuyas distintas ramas habitaban en el Suroeste de Irlanda, al Noroeste de Cork.
Antes de nacer el santo, Senecha devolvió la vista a un viejo ciego, San Mohemeth, fregándole los ojos con la leche de sus pechos (¡no en vano lacht significa "leche" en irlandés!), milagro que también se lee de San Mochoemhóg (ver la entrada El hijo más deseado). 
Curación de un ciego. Siglo X.
Pero el milagro de San Lactino fue mayor que el otro, porque el anciano no sólo recobró la vista de las cosas normalmente visibles, sino que pudo ver en todos sus detalles la ciudad de Roma, a la que ansiaba ir en peregrinación sin que su mucha edad se lo permitiese. Esto fue posible gracias a "la radiación de un fulgor milagroso".
Andando el tiempo, Senecha enfermaría de un cáncer de pecho que su hijo le curaría milagrosamente sin que le quedara señal de él, tan sólo acariciándoselo con la mano.  
Y eso que la enfermedad ya le tenía las carnes roídas y deshechas en llaga pestilente.
Ambrogio Lorenzetti, Virgen de la Leche. Siglo XIV.
Varios milagros de Lactino tienen que ver con la leche y la lactancia.
San Mohemeth se disponía a bautizar al niño y no encontraba agua por ningún lado: había una tremenda sequía en la comarca. Cogió la manita de Lactino y trazó con ella  en el suelo una cruz, de la que brotó un abundante manantial. 
Tenía Lactino un mes cuando se abatió sobre su pueblo una gran calamidad: se estropeó la cosecha con una plaga que volvía la harina amarga y venenosa; el que la comía se deshacía en vómitos. Tan sólo permanecía inmune Lactino, que seguía zampando sus papillas con el mayor gusto, así que se decidió repartir entre todos los vecinos la harina de las papillas del niño y mezclarla con la otra, que al momento perdió el amargor y pudo comerse sin daño.
También -la mala suerte se cebaba en aquella región- se declaró una epizootia que acababa con las vacas. Incluso murió la que daba la leche para San Lactino, una vaca blanca de cabeza roja. Esa raza vacuna mágica es la del síd, el mítico país de los Tuatha Dé Danann, los antiguos dioses, pero de nada le valió al pobre animal. En cambio, el poder taumatúrgico de San Lactino la revivió con sólo la presencia del niño. La ordeñaron entonces y dieron a beber su leche a las demás vacas de la región, con lo que se extinguió la peste vacuna aquella.
Santa Brígida de Kildare ordeñando. Relieve gótico. Glastonbury Tor.


A los quince años, su ángel de la guarda -Uriel- le dijo a Lactino que se fuese a estudiar a Bangor con San Comgall. Lactino hizo caso al ángel, con quien se comunicaba familiarmente y con frecuencia. 
San Comgall lo puso a estudiar con San Mo Lua. Y así empezó a cumplirse la profecía de su cariño mutuo y entrañable amistad.
Bangor era un monasterio de reciente fundación y ya estaba toda Irlanda llena de su fama. Estaban todavía terminando de construir el muro exterior y los demonios, irritados del mucho mal que se les seguiría de aquella fundación, andaban revoloteando por allí como avispas enfurecidas, y por las noches echaban abajo lo que los monjes con tanto trabajo levantaban durante el día.
San Comgall había puesto una guardia de treinta monjes que se pasaban toda la noche rezando y cantando salmos por turnos de a cinco, pero era inútil: no podían con aquella turbamulta de demonios.
Cuando le tocó el turno a Lactino, lo acompañaban cuatro frailes muy amigos suyos, y él se ofreció a hacer la guardia por todos. Pero en vez de ponerse a rezar como los otros, dijo a sus compañeros:
-¿Qué? ¿Vamos a ser nosotros más poderosos que la Cruz? ¡Es soberbia pensarlo!
Y, colocando en la muralla una cruz de oro que tenía, la tapó con su capote.
-Ya está. Ahora vámonos a dormir tranquilamente, que lo que no pueda ésta no lo vamos a poder nosotros.
Así hicieron y a la mañana encontraron el muro intacto. Y desde entonces no molestó más aquel enjambre de diablos.
Quince años después de entrar en el convento, a los treinta de su edad, Lactino ya había llegado a la cumbre del saber.   
Una vez, compadecido de San Cartago o Mochuda (que aún no lo habían expulsado de Rathin) por su mucha pobreza, fue a visitarlo. Llevaba en su comitiva dos pastores conduciendo treinta vacas y un toro, pero para ver qué haría el otro santo los escondió en un bosque y él, fingiéndose enfermo y necesitado, mandó pedir a San Mochuda algo de leche por amor de Dios.
Mochuda se vio en un  gran aprieto, porque era paupérrimo; pero ordenó traer una cacharra de agua, la bendijo y la convirtió en apetitosa leche espumosa gorda y como recién ordeñada.
Cuando se la llevaron a San Lactino, se dio cuenta de lo que había pasado y con otra  bendición devolvió la leche a su estado original.
-¡Que he pedido leche y no agua! Y esto que me traes es agua disfrazada. Dile a Cartago que es un buen monje, pero que sus sucesores estarán más boyantes, que no tendrán que andar dando agua por leche.
-Haznos la caridad de tomar lo que tenemos, que otra cosa no podemos dar.
-No tomaré nada en este monasterio si no me prometéis aceptar la limosna que os dé.
-¡Prometido! Aquí se coge lo que sea. ¿No lo ves cómo estamos?
Entonces San Lactino mandó que saliesen las vacas que tenía escondidas. Esto lo había hecho porque sabía que San Mochuda tenía voto de no poseer vacas, que eran el bien más preciado en la antigua Irlanda.
-¡Me la has jugado pero bien!
Una de las cosas a que más temían los irlandeses era verse atrapados entre dos juramentos contradictorios, incompatibles. Situaciones como ésas habían causado la muerte de los héroes Cú Chulainn, Diarmuid, Conaire el Gande...
-Ahora no tienes más remedio que quedártelas.
-¡Por ser tú! Porque te estimo y porque te tengo más miedo...
-Pues tengo que darte una mala noticia: no está lejano el día en que te echarán de aquí, de este monasterio de Rathen. Pero no te preocupes: vas a fundar otro mucho mejor, en el que nunca más volverás a carecer de nada.
-Sea lo que Dios diga.
Casi todo lo que se sabe de San Lactino se refiere a su infancia y juventud: por eso los estudiosos han supuesto que se ha perdido el final de la única vida de este santo que se conserva. Pero ¿acaso no es propio de un santo con este nombre que todo cuanto se narra de él sea infantil, inicial?
Todo lo de San Lactino es precoz, tiene la espontaneidad de la fuente que brota, la sorpresa inaugural de la luz que se hace, la blancura aérea del rayo de leche que cae de la ubre en el cubo, esponjándose en espuma. Hasta el milagro de Rathin, ya de su edad viril, parece travesura de críos, que recuerda a las trastadas del pequeño Hermes.
Hay que comprender la actividad taumatúrgica de san Lactino desde el punto de vista de la "imaginación material", como decía Gaston Bachelard. "Toda agua es leche: más precisamente, toda bebida feliz es leche materna", dice este filósofo en L'eau et les rêves. También llama la atención sobre la conexión que se establece en los Vedas entre la leche dulce y nutricia, el agua que limpia y la luz que alumbra el mundo. 
Tintoretto, La Vía Láctea.
San Lactino, niño, quita la amargura de la comida humana y la transforma en la dulzura untuosa de las papas. Quita la podredumbre de la carne enferma y le devuelve la suavidad, "la ternura visible del seno femenino: lo que tan suave encuentra el niño, amparo, tibieza y reposo" (Michelet, citado por Bachelard). 
Quita la adustez meditabunda del viejo asceta y le arranca la carcajada saltarina.
La leche es la sabiduría asimilada por el ávido estudiante que se enchufa a las ubres del saber con el deleite del lactante. Es la limosna, la primera dádiva gratuita del nacido. Es el maná que hace de una tierra yerma (como la del niño Lactino) otra de promisión, que rezuma leche y miel.