miércoles, 18 de julio de 2012

El insoslayable Olibrio

Olybrios era un dios de los cilicios, que los griegos identificaron con Zeus. Concretamente, era un dios de la ciudad de Anazarbo. Los cilicios, pueblo con fama de aguerrido y levantisco en la antigüedad, aparte de guerreros eran mercaderes (pañeros, entre otras cosas) y al instalarse en Roma exportaron allí su dios. Estas gentes eran anatolias, es decir que eran parientes algo lejanos de los hititas y más cercanos de los licios, lidios, isaurios y otros pueblos de Asia menor con los que pronto entraron en contacto los griegos. Lo mismo, probablemente, su lenguaje, del que han quedado poquísimos vestigios, en la onomástica fundamentalmente.
El nombre de Olybrio tuvo éxito en Roma en los últimos tiempos del imperio, en particular en la noble familia de los Anicios. Varios ilustres miembros de ella lo llevaron, como el Emperador Olibrio, de breve reinado, y otros senadores mencionados por los escritores Claudiano y Sidonio Apolinar.
En la leyenda cristiana, el Olibrio más famoso es el que, ya según el Martirologio de Rabano Mauro en el siglo IX, quiso, bien fuese pretor o cónsul, gozar a la virgen Marina o Margarita en Antioquía. Rabano Mauro se refiere a Santa Marina un día y a Santa Margarita otro, como tratándose de dos mártires diferentes, pero los Bollandistas establecen que estas dos santas, y además Santa Gema, son una sola con tres nombres.
Según las actas que, aun teniéndolas por apócrifas, traen las Acta sanctorum, y en las cuales el fingido autor se designa a sí mismo como Teotimo, testigo presencial de los hechos, este Olibrio ejerció su función en tiempos de Diocleciano. 
Jean Fouquet. Olibrio descubre a Santa Margarita.
Había venido del Asia a Antioquía (Antioquía de Pisidia, no lejos de Cilicia) a destruir a los cristianos, y como en una pastorela medieval, cabalgando un día por el campo, descubrió a la joven Margarita que estaba cuidando unas ovejas con otras niñas de su edad (quince años), entre las que destacaba por su belleza increíble.
Margarita, que era hija de un gran sacerdote pagano perteneciente a una de las familias más importantes de la ciudad, había sido rechazada por su padre al comprender que la madre era cristiana. No la quería ni ver y la había entregado a una nodriza que la había criado como hija.
Los encantos de Margarita inflamaron instantáneamente a Olibrio, que la quiso por esposa si fuese libre o por concubina si esclava (dice la versión en prosa medieval francesa: "e se ele estoit chambariere il li donroit bon loier et serait sa meschine": "y si fuese criada -o camarera- le daría buena paga y la tomaría por amiga"); pero hallándola cristiana, hubo de cumplir la ley, intentar que apostatase y ejecutarla al fracasar en su intento.
La leyenda de Santa Margarita tuvo gran éxito literario. Aristide Joly ya en el siglo XIX trazó la historia de la leyenda en las letras francesas (en su edición de La vie de Sainte Marguerite, de Wace, Paris: Wieweg, 1879; consultable en Internet Archive) . 
En Francia se escribieron varias versiones -en prosa, en verso, en forma dramática-, que aportan sus detalles pintorescos: en una, Olibrio procedía de Lombardía; en otra, el padre de Margarita era sarraceno. Aquí, el enviado de Olibrio quiere llevarse a la pastorcilla sin tardanza:
"si gart un autre vostre proie
et vous en venez avec moy
sus le col de cest palefroy",
"que otro te guarde el rebaño 
y tú vente conmigo
al cuello de este palafrén"...
Escena que nos trae a la memoria el romance viejo de Don Bueso, con la cautiva que huye a caballo abandonando su tarea.
Voy a irme un poco por las ramas a cuento de este romance, lejano descendiente del cantar germánico de Kudrun, la princesa cautiva en quien se mezclan la sangre germánica, la irlandesa y la india.
Kudrun y la hermana de Don Bueso son empleadas como lavanderas, tarea cargada de simbolismo relativo al Destino (las lavanderas son, en muchas tradiciones, equivalentes de las hilanderas, esto es de las Parcas; en la épica irlandesa, son ellas las que vaticinan a los guerreros su próxima muerte, y en el folclore bretón es fatal encontrárselas de noche en algún arroyo) tanto como de connotaciones eróticas, obvias en toda la tradición lírica, como la "velida" del rey Dinis, que lavaba al alba las camisas delgadas.
En todo caso, la fuente donde lavaba la hermana de Don Bueso es un lugar bien extraño, "do culebras cantan"; y ella misma estaba allí desde hacía siete años nutriéndose de berros, planta a la que la imaginación folclórica también asigna fuerte carga erótica (ver Concepciones y partos raros).
En una versión del romance, la cautiva ha sido destinada a ese arroyo precisamente con el fin de empañar su belleza excesiva que es motivo de celos para la reina; pero con resultados totalmente contrarios a los perseguidos. 
Si bien el hermano de la cautiva da pruebas ser muy práctico, quedándose con la ropa de valor antes de dejar que el agua se lleve la otra (Kudrun, en cambio, la arroja toda al mar con rabia), 
Gudrun. Ilustración del siglo XIX.
la lavandera demuestra poco mundo cuando, con ser bien celosa de su honra, se fía de las promesas del desconocido caballero. El cual, por otra parte, sólo se compromete a no tocarla hasta llegar a los campos de Oliva. 
Pero, volviendo a la doncella Margarita, naturalmente, declina la oferta del alcahuete enviado por Olibrio (tal vez tuviese que ver la descortesía con que este enviado la invita a montar delante, y no detrás como a la infanta cautiva:
"-Montaré en las ancas,
que es más honra mía"...)
y Olibrio se enfurece: "frunce la nariz, aprieta los dientes, un color se le va y otro se le viene".
Este Olibrio un tanto grotesco, que suponemos más y más exagerado en su cólera impotente en la versión teatral, es el que habrá quedado vivamente impreso en la imaginación del pueblo.
No me cabe mucha duda de que el espectáculo de una bellísima doncella desnuda y sometida a toda clase de tormentos (fuese como fuese la representación real del martirio ante el público) basta para explicar el éxito popular de la obra; y más si la inocencia ultrajada y machacada acababa triunfando de la brutalidad tiránica y ridícula de Olibrio. 
Martirio de Santa Margarita. Fresco del siglo XV.
Olibrius, por cierto, ha entrado como nombre común en francés para designar un patán rudo y sin luces.
Pero la popularidad del culto a Santa Margarita se explica por el hondo y complejo simbolismo asociado a su figura: Margarita surgiendo del vientre del Demonio figura la resurrección; la perla en la concha es el muerto en la tumba, el germen en el huevo y el embrión en el seno materno, y en cuanto al mar (Margarita es Marina) como representación imaginaria de la mujer basta remitirse al ensayo de Bachelard sobre el agua. O a los estudios de Marija Gimbutas sobre el simbolismo de los pueblos neolíticos europeos. Por eso Santa Margarita se consideró una santa especialmente favorable en el difícil trance del parto.
Santa Margarita, por Tiziano. Renaciendo del vientre del
dragón en un decorado marino.
Esta popularidad explica que la historia de la pasión de Margarita haya desteñido sobre las de otras santas. Por ejemplo, la de Santa Regina de Alisia, cuyas actas también dicen estar escritas por un testigo presencial, Teófilo en vez de Teotimo; y el mimetismo llega hasta el extremo, ridiculizado por los Bollandistas, de hacer de Alisia, ciudad de las Galias, la capital de Pisidia. En realidad, las actas de Regina están calcadas torpemente de las de Margarita.
De esta manera, el responsable de la muerte de Santa Regina vuelve a ser Olibrio, ahora procónsul en Galia si antes pretor en Pisidia.
Otra versión de ellas, reseñada por los Bollandistas, elimina incoherencias, poda los prolijos discursos morales "que tan poco saben a niña de quince años" -dicen con razón las Acta sanctorum- y las maravillas más obviamente fabulosas. 
Actas fabulosas, pues: pero antiguas, porque se refieren a ellas los martirologios antiquísimos de Usuardo y Rabano Mauro.
Tan imposible es situar en una época concreta la vida de Santa Regina como la de Santa Margarita. Tampoco se libró de discusión el lugar del martirio, pues si para la mayoría es Alise-Sainte-Reine, Tamayo de Salazar lo sitúa en Reina, junto a Llerena. Para este fantasioso hagiógrafo son descendientes de la familia de Santa Regina los Reina de la ciudad de Caravaca.
Iba Olibrio de Marsella a Alesia, según las actas, no cabalgando esta vez, sino en un carricoche, cuando vio a la preciosa niña y se desencadenó la tragedia.
Un elemento diferente que aparece en el culto de Santa Regina es la fuente milagrosa en el lugar del martirio, destino de peregrinación, que nos recuerda a Santa Noyala (de la que hablaba hace pocos días), santa que guarda no pocas semejanzas con estas mártires: hija de alta cuna, rechazada por su padre a causa de su fe, criada por su nodriza, martirizada tras negarse a las solicitaciones de un tirano...
Todo esto lo hemos encontrado ya, con fuente milagrosa incluida, en la vida de Santa Quiteria (donde se combina con la leyenda del parto múltiple, ver La antirrábica): en ésta y en la de Santa Noyala se observa que las dos causas de la huida -repudio paterno por culpa de la religión, rechazo de un pretendiente por parte de la mártir- encajan mal una con otra. Por eso en Santa Noyala la furia pagana del padre sólo aparece en una versión, la de Roscarrock, discrepante de todas las demás; y en Santa Quiteria la joven debe regresar a la casa paterna, después de ya educada cristianamente, para poder ser pedida en matrimonio, y volver a huir después, caer en manos de su pretendiente y padecer martirio. 
Elementos milagrosos parecidos encontraremos en la pasión de otra de las nueve infantas hermanas (si admitimos que lo fue): Marina, a la que mencionan las Acta sanctorum el 18 de julio por figurar en el martirologio Romano y en la obra de Baronio, pero no sin insinuar la sospecha de que se trate en realidad de la misma Margarita de Antioquía, y despreciando como conseja la leyenda de las nueve hermanas. Como señalan las Acta sanctorum, según ciertos autores se ignora todo de ella y la única prueba de su existencia es su culto.
Santa Marina con su dragón a los pies. Córdoba.
Renales, en su citado libro (ver La antirrábica) sobre aquella ilustre progenie real, narra la breve vida de la santa calcándola de Santa Margarita hasta en los detalles.
Dice pues que era tal la diligencia que ponían los ministros enviados por Roma para perseguir a los cristianos que fueron cayendo todas las hermanas una detrás de otra, "un día daban con una, otro día descubrían a otra". Santa Gema o Marina fue a dar a Amphiloquia, es decir Orense, donde se hizo pastora. Era de edad de quince años, como la mártir tocaya de Pisidia, y también como ella pastora. Y la descubrió el prefecto Olibrio guardando "su ganadillo". 
Es de creer que ya en Roma había ideado el Estado, por inspiración diabólica, la disponibilidad y movilidad de los funcionarios, una de cuyas víctimas fue este Olibrio, al que encontramos cada vez más hacia Poniente con idéntica misión pero distintos cargos. Y en todas partes tan enamoradizo y malhadado que siempre iba a topar con la preciosa pastorcilla de quince años, tan diamantina en la fe como en la pureza.
Se enamoró también (no podía ser de otro modo) de la de Belcagia -o Tuy- y se ensañó martirizándola, mucho más por despecho al verse rechazado que por motivos religiosos. Pero al comprobar el pueblo la constancia de la chiquilla en los tormentos, muchos fueron ganados a la fe, y cinco mil alcanzaron la corona del martirio.
Curiosamente, no menciona Renales, ni tampoco Prudencio de Sandoval en la Antigüedad de la ciudad y iglesia cathedral de Tuy, las fuentes y otros elementos milagrosos de la pasión de Santa Marina.
López Cuevillas, en 1949, en un artículo dedicado fundamentalmente al castro de Armeá, cercano a Augas Santas y a las esculturas de guerreros encontradas allí ("Unha santa, unha cidade e tres guerreiros"), sí que menciona las tres fuentes milagrosas brotadas allí donde botó la cabeza de la santa (que nos recuerdan a las tres fuentes de Santa Noyala), el encierro de la joven cristiana en la mazmorra oscura y su intento de cremación en el horno que aún hoy se muestra y que es un monumento prerromano bastante enigmático.
Hallazgos arqueológicos que apuntan a que aquellos parajes fueron desde antiguo un lugar cargado de sacralidad, cosa que se advierte con acercarse al santuario.  
López Cuevillas alude, sin mencionarla, a la leyenda de Santa Margarita de Pisidia, al indicar que monjes venidos de Oriente hasta Galicia probablemente introdujeron los detalles maravillosos de la tradición.
El santuario llamó la atención de los historiadores románticos, como Murguía, que habla de él en el libro Galicia, y Vicetto.
Santa Marina en su fuente de Augas santas,
con inscripción misteriosa.
Creo que López Cuevillas tuvo a la vista la narración de la pasión de Marina de Benito Vicetto, en su característico estilo nervioso, romántico y folletinesco. Recoge la leyenda en el segundo tomo de su Historia de Galicia más por su carácter novelesco ("dramático", diría él) que por su veracidad histórica.
La fuente principal de Vicetto es Juan Muñoz de la Cueva, obispo de Orense, en sus Noticias históricas de la santa iglesia cathedral de Orense, cuyo libro III (escrito, según dice, en 1718) se dedica enteramente a la santa. 
Muñoz de la Cueva se basa en antiguas actas manuscritas autoatribuidas nada menos que a Teotimo (el apócrifo autor de la Pasión de Santa Margarita de Antioquía). Distingue claramente entre esta Marina y la infanta hermana de Eufemia (cuya vida escribe en las mismas Noticias), Quiteria y Librada, así como de la de Antioquía: "Pues aunque graves autores dan el mismo nombre al lugar del nacimiento de cada una, a los padres y al presidente que las martirizó por la confesión de la fe; y aunque refieren casi del mismo modo algunos lances y circunstancias de los gloriosos martirios, todavía Margarita y Marina son distintas y diversas". Y añade poco después: "Esto no lo extrañarán los versados en Historias".
El argumento con que lo defiende es curioso: puesto que de algunos mártires se conservan los cuerpos en más de un lugar, es forzoso que se trate de personas distintas, aunque iguales en el nombre y en lo que les ocurrió.
Muñoz de la Cueva se oponía a la autoridad de escritores muy prestigiosos como Huerta y Vega (Francisco Javier Manuel de la) en sus Anales del reino de Galicia.
Muñoz de la Cueva hace a Santa Marina natural de Antioquía -pero no de la de Pisidia sino de la de Galicia, que identifica con Xinzo- e hija del sacerdote pagano y gobernador Teudio. Marina, como Santa Margarita, queda huérfana de madre desde muy niña y la cría su ama, cristiana, en Piñeira de Arcos.
La santidad de Marina se manifiesta en ella muy pronto con milagros, como el famoso de los pájaros encerrados atribuido por la célebre canción a San Antonio (ver San Pablo de Leonís). Solía la pastorcita sentarse a hilar junto a un manantial, a la sombra de un roble. 
La acumulación de símbolos no puede ser mayor. Ya he hablado de la hilandera, que es la dueña de los destinos (véase en la ilustración de arriba a Santa Margarita de Antioquía en la misma tarea, propia de santas pastoras, como Santa Genoveva, Santa Juana de Arco...); el manantial y el árbol sagrado se encuentran también juntos en la leyenda de Santa Noyala (ver Tres fuentes que encierran sangre).
Estamos, según Muñoz de la Cueva, en tiempos del emperador Adriano, y llega a Galicia, en calidad esta vez de Presidente, Olibrio, que es español. Marchando rumbo a Orense, al pasar junto a la torre de Sandiás, encuentra a la pastora la comitiva de Olibrio al que -curioso detalle- le llama la atención la belleza de los pies descalzos de la pastorcilla. El enamoramiento es inmediato y advirtiendo la cruz que pende al cuello de la niña manda apresarla y conducirla al castillo de Armeá (Armenia en Huerta y Vega).
Sigue el relato de las torpes proposiciones de Olibrio, el interrogatorio y los tormentos de acuerdo a las Actas de Santa Margarita, con la asistencia del sacerdote Teotimo y las apariciones de palomas bajadas del cielo incluidas. 
Como a la de Asia Menor, a esta Marina se le aparece en su calabozo el dragón demoníaco, al que vence haciéndolo estallar como un trueno, igual que si fuese alguna tarasca de las fiestas de un pueblo, rellena de cohetes. Henry Dontenville dedica un capítulo de su Mythologie française a tarascas, gárgolas y demás serpientes monstruosas observando que a menudo aparecen en lugares pantanosos o frecuentemente inundados (según su interpretación, el dragón es poco más que la fuerza destructora de los ríos convertida en monstruo mitológico), como lo es la región de Augas Santas.
Augas santas. Las fuentes milagrosas.
En la lucha elemental, la luna, astro acuático y que manda en las mareas, a cuyo mundo corresponde la caracola, la concha y la perla, se opone a la serpiente terrestre. Pero como nada en esto es tajante, también la serpiente es animal fluido mientras la perla o margarita, esa luna en miniatura, duerme encerrada o enterrada en su cáscara que es piedra acuática...
La saña inaudita de Olibrio contra Marina se explica, según Huerta y Vega, por la combinación de dos pasiones furiosas: "pues un amante revestido del celo de la religión no hay imposibles que se lo parezcan para conseguir su deseo".
Manda Olibrio asar a Marina en el horno y Dios apaga el ardor del fuego dejándole sólo los agradables resplandores de la luz. Al cabo de un rato, San Pedro la extrae por estrecho tragaluz y en una pila excavada en la roca la baña en un refrescante rocío celeste (Marija Gimbutas habla de esta agua vivífica que se recoge en las piletas sagradas de las rocas y que recoge en sí el poder humidificador, regenerativo y vitalizador de su Diosa Pájaro, la principal del panteón neolítico).
Al fin, impacientado, Olibrio mandó a su sayón Malco -omina nomina: ¿a qué oficio se iba a dedicar con ese nombre y en qué estarían pensando los que se lo pusieron?- que la descabezase, y de tres botes que dio la cabeza, manando sangre y leche (igual que ocurrió a tantos otros mártires) en el suelo brotaron sendas fuentes milagrosas, como se lee también de San Pablo.
Sucedió el martirio de Santa Marina el día 18 de Julio. La festividad de Santa Marina o Margarita de Antioquía es el 20 de Julio.



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